sábado, 13 de febrero de 2010

Cambiar el Mundo; la visión de Leonardo Boff

Esta lectura la encuetro encantadora, del ex Sacerdote Leonardo Boff, Teólogo de la Liberación, quién nos hace reflexionar sobre la necesidad de cambiar las formas culturales y normativas de esta sociedad capitalista al vorde del colapso ecológico. Ve en la crisis la necesidad de crear un nuevo paradigma que de alguna manera nos invite a hacer praxis un pensamiento nuevo, colectivo, planetario. un gran aporte para los que desean un mundo mejor. Aquí va el link de su columna semanal y acontinuación copio su último artículo.
«Si no os convertís, todos pereceréis»
Dice Jesús en los evangelios: «Si no os convertís, todos pereceréis». Dicho de otro modo: «Si no cambiáis de modo de ver y de actuar, todos pereceréis». Nunca estas palabras me parecieron tan verdaderas como cuando presencié la Crónica de Copenhague, un documental de la TV francesa, emitido a través de un canal de pago en Brasil y, supongo, que en todo el mundo. En la COP-15 celebrada en Copenhague en diciembre pasado, se reunieron los representantes de las 192 naciones para decidir la reducción de las tasas de los gases de efecto invernadero, productores del calentamiento planetario.
Todos fueron allí con el deseo de hacer algo. Pero las negociaciones, después de una semana de debates intensísimos, llegaron a un punto muerto y no se decidió nada. ¿Cuáles fueron las causas de este impasse que provocó decepción y rabia en el mundo entero?
En primer lugar, creo que no había suficiente conciencia colectiva de las amenazas que pesan sobre el sistema-Tierra y sobre el destino de la vida. Era como si los negociadores hubiesen sido informados de que un Titanic se estaba hundiendo sin darse cuenta de que esa era la nave en el cual ellos estaban, la Tierra.
En segundo lugar, no se tenía claro que el objetivo principal era: impedir que el termómetro de la Tierra suba más de dos grados centígrados, porque entonces conoceremos la tribulación de la desolación climática. Para evitar tal tragedia urge reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con estrategias de adaptación, mitigación, concesión de tecnologías a los países más vulnerables y financiación abundante para estimular tales medidas. La preocupación ahora no es garantizar la continuidad del statu quo sino dar centralidad al sistema Tierra, a la vida en general y a la vida humana en particular.
En tercer lugar, faltó una visión colectiva. Muchos negociadores dijeron claramente: estamos aquí para representar los intereses de nuestro país. Error. Lo que está en juego son los intereses colectivos y planetarios y no los de cada país. Eso de defender los intereses del país es propio de los negociadores de la Organización Mundial de Comercio, que se rigen por la competencia y no por la cooperación. Cuando predomina la mentalidad de los negocios la lógica que funciona, denunciada por muchos bien intencionados en Copenhague, es la siguiente: no hay confianza pues todos desconfían de todos, todos están a la defensiva, no ponen las cartas sobre la mesa por miedo a la crítica y al rechazo, todos se reservan el derecho de decidir sólo en el último momento como en un juego de póquer. De los grandes jugadores, China observaba, Estados Unidos callaba, la Unión europea quedó aislada, y los africanos, las grandes víctimas, ni siquiera fueron tomados en consideración. Brasil mostró coraje al final con las palabras de denuncia del Presidente Lula.
Por último, el fracaso de Copenhague —bien lo dijo Lord Stern allí presente— se debió a la falta de voluntad para vivir juntos y pensar colectivamente. Tales cosas son herejías para el espíritu capitalista enfundado en su individualismo. Éste no está en absoluto interesado en que vivamos juntos, pues la sociedad para él no pasa de un conjunto de individuos disputando furiosamente la mayor tajada del pastel llamado Tierra.
Jesús tenía razón: si no nos convertimos, es decir, si no cambiamos este tipo de pensamiento y de práctica hacia una línea de cooperación universal, jamás llegaremos a un consenso salvador. E iremos al encuentro de los dos grados Celsius de calentamiento, con sus dramáticas consecuencias.
La valiente negociadora francesa Laurence Tubiana al hacer el balance final dijo resignadamente: «los peces grandes siempre se comen a los pequeños y los cínicos siempre ganan la partida, pues ésa es la lógica de la historia». No podemos aceptar ese derrotismo. El ser humano es resiliente, o sea, puede aprender de sus errores y, en la urgencia, puede cambiar. Me quedo con el paciente jefe de los negociadores, Michael Cutajar, que al final de un fracaso dijo: «mañana lo haremos mejor».
Esta vez la única alternativa salvadora es pensar juntos, actuar juntos, soñar juntos y cultivar la esperanza juntos, confiando en que la solidaridad sea lo que fue en el pasado: la fuerza secreta de nuestra mejor humanidad.

lunes, 11 de enero de 2010

Reflexión coyunturalmente trasendental


¿Que se necesita para cambiar la vida? A mi modo de ver, lo elemental es la voluntad. Pero antes de querer cambiar algo hay una pregunta básica que siempre me hago sobre mi mismo ¿soy feliz? Y es que cuando lo planteo, entendiendo que una de las cosas que desea el hombre por esencia es la felicidad y que esta puede ser entendida como amor (y el amor como la capacidad de acción, praxis), el soy, partiendo desde el yo, inicia una serie de cuestionamientos que a la larga me llevan a la mas dolorosa de las condiciones, y también a la mas poderosa; yo ante el mundo, yo ante el medio, yo ante yo. El todo. Lo mas inmediato sería decir a la pregunta ¿soy feliz?, un no. Un no dinámico, pesimista y esperanzador. No lo soy en la medida que puedo entender mi condición alienada a formas que no podré combatir nunca, como la hegemonía cultural individualista, que e internalizado y me hacen seguir un ciclo, y como la forma en que mi entorno social pareciera consumirse ante el consumo (Moulian, 2002) y como me siento más solo y nihilista a veces, cosa que creo no es distinta a la de muchos otros hombres y mujeres en esta rara especie llamada humanidad. Lo que se transforma en esperanza es esa loca idea surrealista de, si al menos no podré cambiar el mundo entero, si puedo cambiar mi realidad y parte de mi entorno con el que de alguna manera tengo un compromiso. En la medida de mis responsabilidades, llámese ética o moral, desearía transformar en algo lo que puedo y esta a mi alcance. Pero el conflicto se materializa cuando intento hacer praxis la voluntad. La voluntad la entiendo como la capacidad creadora y constructora, pues como Nietzsche planteara, para crear se debe deshacer la historia, la memoria, destruir lo hecho para procrear lo nuevo. El estado de animo me estancaría si recordara los hechos trágicos de mi existencia, pero para crear debo olvidar, o por lo menos pensar el hoy. Casi el hoy sin culpa del ayer. Soy feliz en la medida que pienso en el hoy y futuro. Soy feliz en la medida que pienso que lo que hago lo hago bien, siento placer cuando lo hago en el momento. Pero cuando recuerdo el ayer, lo traumático, dejo de serlo. ¿Que se necesita para cambiar la vida? Hoy día creo que de voluntad para olvidar y voluntad para ser feliz, o siendo mas profundo aún, voluntad para trascender. En eso estoy….

viernes, 15 de mayo de 2009

Dominio....

Cuando hablo de amor, lo hago entendiendo que el amor más que un adjetivo o un sustantivo es un verbo. Entonces el verbo se vive, se actúa, se inserta en la conciencia, y se es capas de crear en base de la fuerza poderosa y revolucionaria del amor. Es por eso que quizá choco con los parámetros ortodoxos que el materialismo busca inculcar entre nosotros. Desde el marxismo clásico y el capitalismo que reducen el actuar humano a una relación netamente material, quizá sea momento de entender la realidad desde otros parámetros, quizá mas culturales, quizá mas psicológicos, quizá mas libertarios. No niego la relación de dominio material, pero si entiendo que las relaciones de poder y dominio se dan además en los parámetros abstractos culturales de la sociedad. se expresan en la cultura de nuestras comunidades. Porque el dominio no solo lo ejerce el burgués a la clase trabajadora, o el patrón al campesino explotado. Además lo ejerce la iglesia, el Estado, los políticos, la policía, los militares, los profesores, y un sin fin de hombres representantes de las instituciones de dominio. Esto implica que su legitimidad no solo se adopta en relación a los medios de producción, sino que además a la reproducción de los modelos de dominio. La estructura en si misma pareciese domesticarnos al dominio. Desde el psicoanalista Erich Fromm y su estudio del poder en el "Miedo a la Libertad", podemos entender que las relaciones de dominio no solo son defectuosas para el dominado sino que además lo son para el que domina, pues ambos en su búsqueda por la realización del “YO” y el quehacer con la soledad, llenan su vacío con la experiencia de la sumisión (masoquismo) o el dominio (sadismo). Si así funcionan las superestructuras modernas, entonces quizá sea necesario sanarnos de ellas desde la crítica y la acción directa desde abajo, desde lo más profundo del modelo; desde la realidad de los oprimidos en todos los aspectos, los obreros, los campesinos, las mujeres, los estudiantes, los indios, etc. Los sectores populares en todos los aspectos. Como lo diría Foucault, sería necesario desenmascarar a todas las instituciones que pretenden ser vistas como neutrales aun siendo estas el principal foco de legitimación de dominio y poder.

domingo, 3 de mayo de 2009

El momento de...

A veces es necesario romper con todo para regenerarse. Es necesario destruir todo lo que se ha escrito para realzar el vuelo nuevamente. Destruir para construir, e allí el dilema. Pero cuesta tanto zafarse del pasado que el proceso de regeneración puede ser tan doloroso como la misma muerte. Como la filosofía cristiana, morir para volver a nacer, resucitar de entre la muerte. Antagónicamente, un férreo opositor del cristianismo como Nietzsche nos enseña con respecto a la historia que es necesario romper con la tradición, con todo lo vivido, destruirlo para volver a emerger lo nuevo, lo glorioso, lo magnámico, y desde allí germinar la nueva historia del hombre. Poder volver a ser el hombre Ahistórico (sin historia) para desde allí crear la nueva historia. Nos enseña a romper con el pasado y generar la nueva visión. Y es que a veces las ataduras del pasado pueden ser tan agotadoras que no nos permiten crear, transformar, revolucionar nuestro presente, y por ello, mucho menos nos permiten crear nuestro futuro. De alguna manera es necesario descargar la mochila y aligerarse ante la vida. El proceso será solitario, duro, tenebroso, pero será necesario para volver a emerger de la destrucción. Hay cosas que son inevitables, como lo escribió Paulo Cohelo en La Quinta Montaña, y dentro de ellas, lo inevitable es conocer el dolor y el sufrimiento. ¿Cuál es la gracia de tal devenir? Que solo conociendo el dolor y el sufrimiento seremos capaces de conocer la alegría y el placer cuando nos llegue el momento. Por lo demás, quizá ahora solo sea la hora de vivir el momento.

domingo, 15 de marzo de 2009

Una mirada distinta desde la Resiliencia


La Resiliencia es la capacidad que tiene todo ser humano de salir de los problemas tormentosos que puedan llegar a su vida y triunfar, sacar lecciones y en consecuencias, crecer. En la psicología este concepto es revolucionario en la medida que da otro enfoque a la realidad subjetiva del ser humano. La pregunta es ¿Somos todos capases de ser Resilientes? Y la respuesta es: Si. En la medida en que uno cree en sus objetivos, en sus propósitos, pero por sobre todo, en la medida en que se cree uno a si mismo, se es capas de emancipar de cualquier situación de aflicción. La resiliencia va de la mano con el gran motor que nutre todo nuestro ser; el amor. En la medida en que se es capaz de amar uno, se es capas de confiar en uno y en consecuencia, tener fe en uno. La resiliencia permite empoderarnos en la medida en que se opta por el amor a si mismo, a los otros, y por ello, al nosotros como grupo, como sociedad. La resiliencia es una maravillosa herramienta revolucionaria, una hermosa visión que puede transformar la vida de muchos. Si somos capases de apreciarla, podemos hacer mucho por nosotros y por otros.

El amor es parte fundamental de ello, tener fe en lo que no se ve, pero sentirlo, también lo es. Ser resiliente tiene que ver con la visión de estar alegre ante cualquier adversidad y tener la certeza de que siempre vienen cosas mejores a nuestra vida. "Yo me amo, y amo al resto, y porque me amo, y siento el amor, soy capaz de todo, de hacer todo, y soy y seré feliz". Parece romántico, parece tan utópico y sin embargo muchas personas lo han practicado y hecho cosas maravillosas en el mundo con la práctica de la resiliencia. Y creo firmemente que si las futuras revoluciones sociales también pudieran aplicar esta nueva visión de vida, no tardaríamos en crear un mundo mejor.

martes, 3 de febrero de 2009

el amor y el poder


Erich Fromm habla del amor y su búsqueda como forma de poder volver al origen de la unidad, complementariedad, romper el esquema de la separación, del individualismo, volviendo al amor, al origen, o para algunos, volver a Dios. El hombre valora su individualidad cuando sabe que puede transformar su vida, cuando se siente dueño de su realidad y se empoderar, cuando se quiere a si mismo y a partir de allí quiere al resto. La tesis de Marx (desde la perspectiva mas epistemológica) habla del poder como forma de liberación de todo yugo explotador. Fromm habla del amor como la única forma de liberación, de reencuentro con el otro, con lo de afuera e identificarlo como propio, como el “todo”, como el “nosotros”. Desde esta perspectiva el hombre se libera cuando conoce lo que siente, conoce su mundo exterior e interior y logra dominar sus realidades; se empoderar, conquista sus dominios y se hace libre.

Poder tiene que ver con creer que eso, el poder, es tuyo, con saber que hay cosas que puedo hacer porque tengo poder en ello, y para tener poder tener “poder” en ello es necesario creer que se puede. Los líderes que creen en su visión luchan por ello y logran cambiar la historia, por ello un Colón, un Lautaro, un M. L. King, etc. pero el poder toma fuerza cuando se reencuentra con la fuerza liberadora del amor. Cuando hablo de amor me refiero a tener fe en ello, a amar ello. El amor no es un sentimiento nada mas, el amor es la base de toda emoción; se quiere porque se ama y se odia porque se ama (solo la indiferencia es antagónica al amor porque desde allí ya no existe emoción), mas el amar tiene relación con la fe cuando se cree en las cosas solo por creerlas, cuando se hacen las cosas por amor, por fe, por fuerza, por convicción. Desde esta perspectiva el amor revolucionario es el que ante todo nunca deja de tener fuerza en lo que hace y hace las cosas porque las cree. Desde esta perspectiva, para cambiar las cosas solo se necesita tener fe en que se pueden cambiar, tener poder para cambiarlas, y por ello, tener la fuerza más poderosa para realizar las cosas, poder amar.

miércoles, 21 de enero de 2009

Otra Discusión y otro Discurso


No se trata solo de discursos parafernálicos ni incendiarios. La historia nos cuenta que muchas veces son esos grandes oradores los primeros traidores de toda lucha social. Pero tampoco se trata de que desde arriba nos salvaran, ni que para transformar la realidad social sea necesaria la conquista del poder para crear Estados rígidos o seudo estados, o federaciones, y confederaciones, etc., que regulen la convivencia y la vida de las personas. Muchos anarquistas pregonan la destrucción del estado como forma de libertad, pero si no es el estado es la banda, la tribu o el señorío que igual estipula normas, que igual te controla si quieres sobrevivir. No se trata de ver si son esas estructuras las que nos dominan y causan nuestro mal. No se trata de ver cuan rígido puede ser un estado, un parlamento, una ley, una constitución, etc. Sino de las normas que nosotros legitimamos, de cómo nosotros podemos quebrantar la legitimidad de las normas sociales para cambiar la realidad, vale decir, volver a empoderar al hombre y darle herramientas de crítica. El error que cometemos muchos simpatizantes del socialismo, en todo los aspectos (anarquistas, comunistas, sindicalistas, etc.) es creer que podemos arrojarnos las luchas de todo un pueblo y creernos representantes de este sin siquiera haberles preguntado a esta base social si necesitan ser representados. Cada idealista, luchador, o revolucionario no representa a nadie más que así mismo. Según los autores del neomarxismo el verdadero socialismo se creará desde abajo, pero no abran procesos y lideres que aceleren este proceso sino solamente el pueblo por su propia mano será el que guié las direcciones de su destino. Pero tampoco podemos condenar de inmediatamente conceptos como la patria, el estado, la fuerza de las armas, si no somos capaces de discutir esto desde la misma base social. Porque la idea de patria no es la misma que se tiene arriba ni abajo, y así con todos los conceptos y procesos. La lucha social no sirve si cada ser humano no es capaz de emanciparse a si mismo. El ser humano es poderoso en si mismo, puede revertir el curso de su historia, puede liberarse de su realidad material desde el momento en que su vida logra vencer las penurias del capitalismo bestial y la dominación. La revolución nace por cada persona, cada uno de nosotros es potencial rebelde. Si no fuese así, estaríamos subestimando a nuestra especie humana y su capacidad de pensar y crear lo nuevo. Nietzche plantea que todos tenemos un ser Ahistorico que puede transformar lo añejo y devolver lo nuevo, que podemos ser poderosos. Tal vez tengamos que hacerle caso en estos días.